Facultad Politécnica - Universidad Nacional de Asunción
Aranduka Vol. 5, nº 1 (Jul. 2014)
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¿Qué lo enoja?
La gente irresponsable que sabe que hay
problema y no lo toman en serio, o bien, te dice:
“eso no es nuestro trabajo” o le pedís ayuda y se
molesta.
¿Qué le divierte?
Me gusta quedarme a ver la tele o escuchar
música. Mi diversión empieza cuando no hay
más ruido; cuando se va la gente, tengo paz
y tranquilidad. Por eso, quiero que llegue el
sábado.
Los domingos saco mi equipo y hago mi asadito.
No acostumbro salir, aunque puedo hacerlo, pero
no es mi costumbre.
Aquí, solo, no encuentro vy’a’y. La única vez que
sentí eso, fue cuando me enyesaron el brazo y no
podía hacer casi nada. Me molestaba mucho; no
podía respirar.
¿Alguna anécdota para compartir sobre su
vida aquí en la Facultad?
Recuerdo un feriado: sábado 1° de marzo, hace
10 años, tuve un accidente en el Bloque A cuando
decidí cortar el pasto de la entrada a la Facultad,
que estaba ya muy crecido. Me dispuse a afilar
la desmalezadora, cuando el aparato con el que
estaba sacando filo, se desprendió y me rompió
el brazo en 7 partes, además de producirme
profundas heridas.
Vendé la herida y pedí ayuda a Doña Delia que
estaba con Rossana, de la Biblioteca, trabajando
en la Recepción. Ellas llamaron a los guardias,
quienes me llevaron a un Sanatorio de Trinidad.
Yo sentía más miedo de la manera como
conducían que de lo que me había sucedido;
temía que chocáramos. Al llegar al centro
médico, me limpiaron la herida y quitaron las
piedritas alojadas en mi brazo. Les solicité que
me vendaran ya para dejarme volver, pero me
indicaron que eso no sería posible. Entonces, les
pedí a los que me llevaron que no se lo contaran
a nadie acerca de lo que me había sucedido. No
fue así.
A la tarde, todo el mundo fue a visitarme.
Amanecí en el sanatorio.
También me acuerdo de que, una vez, Miguel
Duarte, profesor de Informática, me buscó
una noche para decirme que necesitaba con
urgencia que llevara mi linterna y lo acompañara
a su oficina, pues había dejado algo y no lo
encontraba. Fuimos hasta allí, abrió la puerta
y me dijo “por aquí dejé”, señalando hacia una
esquina. Allí, había un niñito con camiseta de
Olimpia.
Luego de esta anécdota, me contó que, alguna
vez, les había preguntado a las autoridades de la
Facultad: “¿ustedes piko para elegir empleados
condicionan que sean Olimpistas”?