Facultad Politécnica - Universidad Nacional de Asunción
Aranduka Vol. 5, nº 1 (Jul. 2014)
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LA ADOLESCENTE EN EL CONSULTORIO DE GINECOLOGÍA
“Un adolescente sano será potencialmente un adulto sano y productivo”
María Gabina Rodríguez de Franco.
La Constitución Nacional, a través de la Ley 1680, establece el derecho a la salud sexual y reproductiva
del adolescente, así el Art. 14 dice: “El Estado, la Sociedad, los Padres y Familiares garantizarán
los servicios de programas de salud y educación sexual integral del niño y del adolescente que tiene
derecho a ser informado y educado de acuerdo con su desarrollo cultural y valores familiares.
Los servicios y programas para adolescentes
deberán contemplar: la confidencialidad, el
secreto profesional, el libre consentimiento y el
desarrollo integral de su personalidad”
La adolescencia es considerada un sector
relativamente saludable, por lo que
frecuentemente se pasan por alto sus necesidades
en salud y la consulta ginecológica es aún más
postergada. Los adolescentes comprenden
aproximadamente el 30% de la población en
América latina y el Caribe y más o menos el
10 % de la población en el Paraguay, según el
último censo.
La adolescencia tiene 3 etapas:
1. Adolescencia Precoz: que va de 10 a 13 años
2. Adolescencia propiamente dicha: que va de
14 a 16 años
3. Adolescencia tardía: que va de 17 a 19 años.
Esta etapa que transcurre entre la niñez y
la edad adulta es un proceso dinámico que
se caracteriza por cambios rápidos, físicos,
psíquicos, emocionales y sociales. El cuerpo se
modifica en tamaño, forma y vigor, las funciones
se complejizan lográndose la capacidad
reproductiva, se desarrolla el pensamiento
abstracto con el que adquiere la capacidad de
proyectarse hacia el futuro.
Existen subgrupos de adolescentes con
necesidades espaciales de acuerdo a historias
personales diferentes, así como condiciones
socio-culturales diversas donde se incluyen las
adolescentes crónicamente enfermas, con retraso
mental, con opciones diferentes en la conducta
sexual y la adolescente en situación de calle.
La consulta ginecológica en la adolescente,
de por sí es compleja pues estamos ante un
sujeto atravesando una crisis vital con sus
respectivos cambios: biológico, psicológico y
social. El/la profesional experto/a en atención
de la adolescente debe emplear todo el sigilo en
que esta consulta sea satisfactoria porque ella
requiere comprensión como persona, cuidado
de la salud, promoción de la misma, no se debe
observar solo lo orgánico, se debe tener una
mirada amplia que incluya otros aspectos.
La consulta ginecológica debe proponer ganar la
confianza y dar seguridad al adolescente, atender
el motivo explícito y latente de su consulta, actuar
como agente de prevención, orientar e informar
como educador sexual; en esta consulta se debe
“intentar” persuadir a la adolescente para:
• Retardar al máximo el inicio de las relaciones
sexuales coitales.
• Tener el menor número posible de parejas.
• Utilizar preservativos en todas las relaciones
sexuales.
• Utilizar métodos anticonceptivos fiables.
La dinámica de una visita adolescente al
consultorio de ginecología debe tratar de que
el primer contacto sea lo mas amigable posible,
un contacto inicial con la adolescente y su
acompañante que permita indagar los motivos
de consulta de ambos, que pueden ser diferentes
y observar la interacción entre ellos, ya que en la
mayoría de los casos las adolescentes concurren
al consultorio acompañadas de la madre, la
pareja, la amiga u otro familiar. Realizar el
interrogatorio y el examen físico completa, de
preferencia, con el adolescente solo, al final
de la consulta se reúne a la adolescente con el
acompañante para discutir los hallazgos, el
diagnostico y plan terapéutico. Entregar las
recomendaciones al adolescente y su familia.
El éxito de la consulta de la adolescente radica
en:
• Establecer una relación médico-paciente
empática.
• Asegurar la confidencialidad de la atención.
• Evitar el rol parental o de adolescente.
• Estimular la autonomía y responsabilidad del
adolescente.
• Estimular las fortalezas.
• Entrevistar y examinar al adolescente a solas,
excepto situaciones puntuales como posterior
a abusos.
• Escuchar
activamente,
observar
la
comunicación no-verbal y hacer preguntas
abiertas.
• Establecer alianzas terapéuticas.
• Hacer partícipe a la familia.
• Crear una ambientación adecuada.
Y así lograr: “Un adolescente sano será
potencialmente un adulto sano y productivo”